1)La habitación con la luz del día había perdido su horror, pero no su desarreglo espantoso, su absoluto abandono. Los retratos de los abuelos colgaban torcidos y sin marco de una pared empapelada de oscuro con manchas de humedad, y un rayo de sol subía hasta ellos.
Me complací en pensar en que los dos estaban muertos hacía años. Me complací en pensar que nada tenía que ver la joven del velo de tul con la pequeña momia irreconocible que me había abierto la puerta. La verdad era, sin embargo, que ella vivía, aunque fuera lamentable, entre la cargazón de trastos inútiles que con el tiempo se habían ido acumulando en su casa.
Tres años hacía que, al morir el abuelo, la familia había decidido quedarse sólo con la mitad del piso. Las viejas chucherías y los muebles sobrantes fueron una verdadera avalancha, que los trabajadores encargados de tapiar la puerta de comunicación amontonaron sin método unos sobre otros. 20) Y ya se quedó la casa en el desorden provisional que ellos dejaron.
21) Vi, sobre el sillón al que yo me había subido la noche antes, un gato despeluzado que lamía sus patas al sol. El bicho parecía ruinoso, como todo lo que le rodeaba. Me miró con sus grandes ojos al parecer dotados de individualidad propia; algo así como si fueran unos lentes verdes y brillantes colocados sobre el hociquillo y sobre los bigotes canosos. Él enarcó el lomo y se le marcó el espinazo en su flaquísimo cuerpo. No pude menos de pensar que tenía un singular aire de familia con los demás personajes de la casa; como ellos, presentaba un aspecto excéntrico y resultaba espiritualizado, como consumido por ayunos largos, por la falta de luz y quizá por las cavilaciones. 34) Le sonreí y empecé a vestirme.
35) Al abrir la puerta de mi cuarto me encontré en el sombrío y cargado recibidor hacia el que convergían casi todas las habitaciones de la casa. Enfrente aparecía el comedor, con un balcón abierto al sol. Tropecé, en mi camino hacia allí, con un hueso, pelado seguramente por el perro. No había nadie en aquella habitación, a excepción de un loro que rumiaba cosas suyas, casi riendo. Yo siempre creí que aquel animal estaba loco. En los momentos menos oportunos chillaba de un modo espeluznante. Había una mesa grande con un azucarero vacío abandonado encima. Sobre una silla, un muñeco de goma desteñido.
Yo tenía hambre, pero no había nada comestible que no estuviera pintado en los abundantes bodegones que llenaban las paredes, y los estaba mirando, 50) cuando me llamó la tía angustias.
para ser continuado...
EL ASUNTO
Andrea, la protagonista de la novela, está en la casa de su familia en Barcelona. Al entrar en la habitación de sus abuelos, Andrea se da cuenta del desorden que existe y empieza a hacer nota de todas las imperfecciones que se habían ocurrido a través de los años recientes. Ella también recuerda a la abuela, pensando en la vida que había vivido en la casa y las cosas que le rodeaba a ella. Se revela que después de la muerte del abuelo, la familia decidió quedarse sólo con la mitad del piso sin preocuparse de los muebles y las numerosas chucherías de la abuela que se ubican allí. Debido a eso, la casa se ha quedado en un gran desorden. Andrea continúa caminando por el recibidor, observando las otras habitaciones aisladas. Durante su camino, se encuentra con un gato despeluzado y débil que se refiere por ella como un símbolo de la familia en total. Después de un encuentro con un loro loco, ella mira fijamente a los bodegones que llenan las paredes, hasta contestar a la llamada de su tía angustias.
LOS APARTADOS
En este trozo, hay tres apartados:
1. Una descripción de la habitación de los abuelos de Andrea (II. 1-20) “La habitación con la luz del día… que ellos dejaron.”
2. Una descripción del gato que se descubre por Andrea (II. 21-34) “Vi, sobre el sillón… empecé a vestirme.”
3. Una descripción del resto de la casa (II. 35-50) “Al abrir la puerta…. Me llamó la tía angustias.”
Apartado A
“1) La habitación con la luz del día había perdido su 2) horror, pero no su desarreglo espantoso, su absoluto 3) abandono. Los retratos de los abuelos colgaban 4) torcidos y sin marco de una pared empapelada de 5) oscuro con manchas de humedad, y un rayo de sol 6) subía hasta ellos.” El primer apartado se puede dividir en tres párrafos. Con el primer párrafo, nos indica que Andrea ya había pasado la noche anterior en la habitación, con miedo en su corazón. Al despertarse la próxima mañana, se había ido el “horror” (l. 2) de la habitación, pero todavía existen el “desarreglo espantoso” (l.2) y su “absoluto abandono” (ll. 2-3). Estas palabras oscuras ayudan a poner énfasis en el hecho de que se ha abandonado la habitación de sus abuelos por muchos años, y por eso, se queda en desorden. Al mirar los retratos de los abuelos, “torcidos y sin marco de una pared empapelada de oscuro con manchas de humedad” (ll. 4-5) Andrea regresa al hecho de que ya no existe la misma casa que solía ver cuando vivían sus abuelos. Es decir, antes de morir sus abuelos, existía una casa bonita y viva, y ahora, con los años que han pasado después de sus muertes, ha llegado a ser una casa distinta.
“7) Me complací en pensar en que los dos estaban 8) muertos hacía años. Me complací en pensar que nada 9) tenía que ver la joven del velo de tul con la pequeña 10) momia irreconocible que me había abierto la puerta. La 11) verdad era, sin embargo, que ella vivía, aunque fuera 12) lamentable, entre la cargazón de trastos inútiles que 13) con el tiempo se habían ido acumulando en su casa.” En este párrafo, se repite la frase “Me complací “dos veces para avisar al lector que para Andrea, la condición de la habitación no es una cosa que quiere que vean los abuelos. “Me complací en pensar en que los dos estaban muertos hacía años” (ll. 7-8) es una posible indicación de que Andrea tiene un poco vergüenza de la condición de la habitación y la casa en general. Andrea habla de una “momia irreconocible” (l. 10), pero no se da más información sobre esta mujer. Sólo sabemos que ella es una mujer “lamentable” (l. 12) que vive “entre la cargazón de trastos inútiles” (l. 12). Es posible que sea un pariente o amiga que fue conocida por los abuelos, pero ahora, sería “irreconocible” (l. 10) por ellos si todavía estaban vivos.
“14) Tres años hacía que, al morir el abuelo, la familia 15) había decidido quedarse sólo con la mitad del piso. Las 16) viejas chucherías y los muebles sobrantes fueron una 17) verdadera avalancha, que los trabajadores encargados 18) de tapiar la puerta de comunicación amontonaron sin 19) método unos sobre otros. 20) Y ya se quedó la casa en el 20) desorden provisional que ellos dejaron.” Este párrafo nos da una descripción más detallada de la casa y cómo se ha empeorado a través de los años que siguieron después de la muerte del abuelo. La primera oración es una buena indicación de que era posible que el abuelo muriera después de la abuela, pero no es cierto. Con la decisión de “quedarse sólo con la mitad del piso” (l. 15), la familia dejó las “viejas chucherías y los muebles sobrantes en una verdadera avalancha” (ll. 16-17), creando este desorden que daría disgusto a los abuelos muertos. Con este párrafo, Andrea quiere que el lector entienda que las costumbres de esta casa han cambiado profundamente con las muertes de los abuelos, y al regresar a la casa, Andrea se siente como extranjera en una casa “desconocida.”
para ser continuado...
Hola Erik!
ReplyDeleteVi tu mensaje sobre las copias. Otra vez, gracias y no te preocupes...házlo que puedas y ¡deja lo demás a Dios!