Resumen: Mujer de aire
Erik Stefancik
Mujer de aire (1997)
Escrita por Enriqueta Antolín
La edición que yo leí: Santillana, 1997
LOS PERSONAJES PRINCIPALES
La mujer – la protagonista de la novela. Pasa su tiempo en una cama en un hospital en Madrid, esperando la llegada de su amado, el Violinista. Ella recuerda su juventud durante la posguerra, la carta de su padre que fue enviada a ella, y sus encuentros con el Violinista.
El violinista – El gran amor de la mujer. Es el personaje principal a quien habla la mujer en toda la novela.
El padre de la mujer – El autor de la carta que ella lee.
El taxista – el hombre que lleva a la mujer a El Cielo del Paladar, un restaurante en la Malasaña. Es un hombre de tradiciones morales, y representa la España conservada durante la dictadura.
Don Rodrigo – El profesor favorito de la mujer. Se suicida después de ser encarcelado. Es él de quien el padre escribe en su carta.
Don Benigno – Amigo del padre y don Rodrigo. Es el hombre que les cuenta a la mujer y Raquel sobre el suicido de don Rodrigo.
Raquel – Prima del violinista y “amiga de alma” de la mujer. Va con la mujer a reunirse con don Benigno
A.M. – Refugio exiliado que se hospeda en el desván de la casa de la mujer. Es otro tema central de que lee la mujer en la carta de su padre.
El abuelo – hombre de ochenta y ocho años, y una influencia en la mujer. Se puede ver esta influencia en la vida, especialmente en la juventud, de la mujer por toda la novela. Está enamorado de Rita, la vecina.
Ángel – Amigo de la mujer y el violinista. Es la primera persona con quien la mujer tiene relaciones sexuales. También es una de las primeras personas que viene a visitarla en el hospital.
LOS PERSONAJES SECUNDARIOS
Petra – Portera de la casa de la mujer. Es una mujer muy curiosa que siempre quiere saber el paradero de la mujer y cualquier persona que llega a la casa
Loli – compañera de colegio de la mujer. Con ella, la mujer comparte sus secretos y sus pensamientos
Rita – la vecina de la mujer durante su juventud. Llora de vez en cuando sobre su esposo muerto, el Interfecto. Está enamorada del abuelo de la mujer.
Loyola - la masajista de la mujer, calificada como “demente” por la mujer
Doña Belén – dueña del edificio en que vive la mujer en la calle Arenal
Don Gonzalo – el médico de cabecera de la mujer por su vida. Le recomienda a la mujer que haga gimnasia. También recomienda que Loyola sea su masajista.
EL ESCENARIO
La novela, realmente, tiene lugar martes, el dos de septiembre del 1980, en un hospital en Madrid, donde la mujer acaba de tener una operación. A través de la novela, la mujer también experimenta “ausencias” y habla a sí misma y piensa en sus experiencias en Toledo cuando era niña de la posguerra y los eventos que ya habían experimentado antes de llegar al hospital.
LA ESTRUCTURA DE LA NOVELA Y USO DE TIEMPO
La novela está dividida en cuatro partes:
Primera: Si no sabes ser fuerte nunca te querrá nadie
Segunda: No te molestes en entrar
Tercera: Y luego nada
Cuarta: Te espero
Aunque realmente el escenario tiene lugar en 1980, hay una gran mezcla entre el presente y los tiempos pasados durante la juventud de la mujer. Creo que la autora usa esta técnica para que el lector pueda ver cómo los eventos pasados han impactado a la mujer, y claro, pensar en la psicología de la mujer.
Debido al hecho de que no hay un calendario fijo, decidí dividir cada parte en tres secciones, para que fluya un poco más fácilmente.
EL RESUMEN
Primero: Si no sabes ser fuerte nunca te querrá nadie
(Págs. 11-32)
La historia de la novela empieza con la protagonista, que no tiene nombre, hablando con sí misma. Esta mujer acaba de regresar del quirófano, y la primera cosa que piensa a sí misma tiene que ver con las palomas, “Donde están las palomas” (pág. 13). Al abrir sus ojos, se da cuenta de que a su lado, su mesilla está adornada con una “rosa solitaria” (pág. 13), y no sabe quien se la trajo. Después de preguntarse a un hombre de blanco, descubre que es martes, el dos de septiembre del año 1980.
La mujer empieza a dormirse y despertarse con frecuencia, cada vez trayendo con ella “una historia” (pág. 15). Sueña con un niño violinista, el gran amor de su vida, y revela que a los diez años empezó a “saber el amor” (pág. 15) con él.
La mujer está sola antes de que entre una monja para frotar los pies de la mujer, que están “tan helados” (pág. 16). La mujer le dice que no tiene propina, pero que ella se puede llevarse las flores moribundas, pero no la rosa de su mesilla, pensando para sí que es posible que su gran amor la haya dejado allí.
Dándose cuenta de que no puede recibir visitas y que es como prisionera en su cama, empieza a pensar en su vida de joven durante la posguerra, y cómo durante esa época, conoció al Niño Violinista. Ella recuerda que, antes de venir al hospital, pasó la noche anterior soñando con él, su “Violinista con mayúscula” (pág. 18). Aunque está enamorada de él, no sabe si él siente lo mismo, debido al hecho de que todavía no ha llegado, preguntándose si ella es la figura “tan habitual de sus noches” como él es de las suyas.
La mujer piensa en el pasado, cuando ella recibió una llamada de su masajista, Loyola, diciéndole que es necesario que se citen a la una en punto. Mientras espera que llegue la una, la mujer piensa en su viaje a Ámsterdam con el Violinista, su primer viaje juntos, y la primera vez en que subió un avión, cuando empezó a “perder la confianza” (pág. 23). Aún reconociendo que el avión es más seguro que el metro, recuerda que le pidió al Violinista que llegara por avión, y él le dijo que “Iré en avión a última hora de la tarde,” y que “no hace falta que vayas a buscarme: te llamaré en cuanto llegue” (pág. 24).
La mujer empieza a pensar en Petra, la portera de su casa durante su juventud. Piensa en cómo va todo con ella. Aunque las dos son “como el agua y el aceite” (pág. 25), ella se fía en su honradez. Habla también de la Iglesia de la Carmen en la calle con el mismo nombre, y cómo fue su “refugio de exiliada voluntaria” (pág. 26) durante su juventud cuando tuvo gangas de escapar de su casa.
Ahora, la mujer viene a pensar en el año 1959 cuando llegó a la capital. Tenía dieciocho años y recuerda cómo su padre acababa de regresar del encierro. Su padre vivió con ellos (la mujer, su madre, y sus hermanos) hacía unos meces, y durante esa época, se dio cuenta de que su padre ya no era el mismo hombre, que se ha hecho “un hombre enfermo y agotado” (pág. 26) que ni siquiera ella y sus hermanos fueron capaces de reconocer. Cuando, por fin, le ingresaron en el hospital militar de Carabanchel, la mujer pasó muchas tardes al lado de su cama, creyendo ahora, en el presente, que es la razón en la que su padre se la envió la “carpeta gris que reposa en la mesilla” (pág. 29) en su sala en el hospital.
En su cama, la mujer vuelve al pensamiento de la iglesia de la Carmen en el pasado. La mujer habla de su ateísmo y cómo “andaba por entonces con las dudas religiosas” (pág. 29), algo que nunca compartió con ninguna persona porque durante esa época, la religión era una cosa, más o menos, requerida baja la dictadura. Ella pasea por la iglesia, mirando a la capilla y el Cristo de la fe, saliendo de su visita mucho mejor.
(Págs. 33-59)
Esta sección empieza de nuevo en el presente con la mujer en el hospital. Ella empieza a pensar en su abuelo paterno. Representando todo lo contrario de lo que era su padre, su abuelo se hizo “la ternura” (pág. 33) que la inspira ahora, y podemos ver por toda la novela este nivel de inspiración que él ha tenido en su vida. El abuelo, con sus ochenta y ocho años, estuvo enamorado de Rita, la vecina viuda de la mujer.
Regresamos a al pasado con la mujer esperando la una para ir a su masajista, Loyola. Por fin, era la una, y la mujer fue al salón de Loyola. Loyola, la masajista quien fue recomendada a la mujer por don Gonzalo, tiene manos suaves, y sobre todo, una “alocada lengua” (pág. 35). Loyola empieza a darle un masaje, mientras usa su alocada lengua para hablar de varias cosas, específicamente de su familia. Habla también del disgusto que le ha dado a su sobrina. Al salir del salón, la mujer califica a Loyola como “demente,” aunque no lo es, y continúa caminando por la calle.
Todavía en el pasado, Después de salir del salón, la mujer revela que, en secreto, es escritora. Con pseudónimo, ya ha enviado sus obras a las revistas literarias, y ya se han publicado media docena. Nunca dice la razón en que lo ha mantenido un secreto, haciendo que el lector piense. Sigue caminando poco a poco. Después de comprar el Fortuna, la mujer decide que quiere comer en El Cielo del Paladar, un restaurante donde se han puesto unas monjas exclaustradas, en Malasaña. Para llegar allí, va en taxi.
La mujer entra en el taxi, y mira al taxista, un hombre que, así como podemos ver, es “facha” o fascista. Al oír la palabra “Malasaña”, el taxista inmediatamente califica a la mujer como a una de “los suyos” (pág. 42), otra fascista. Durante el viaje al restaurante, el taxista interroga a la mujer, haciendo preguntas que ella no quiere contestar. Después de un rato y dándose cuenta de que el taxista la califica como una fascista, la mujer le dice al taxista que es bueno tener el cambio, y que es necesario notar que “se había acabado la dictadura” (pág. 43). El taxista cambia de tono, y aunque a la mujer sus ojos le parecen “los de un extraterrestre” (pág. 45), ella trata de cambiar el tema de la discusión con él. Hablaban del aborto y el divorcio, defendiendo sus creencias liberales acerca de los infelices y los derechos de las mujeres violadas, opiniones que claramente son opuestas de las del taxista.
Volviendo al presente en el hospital, la mujer vuelve a pensar en su Violinista, y su miedo de estar sola. Por eso, la mujer nos revela que durante su separación del violinista, había tenido otros amores, y cree que supuestamente él también. Recuerda el día en que, antes de llegar al hospital, el violinista le pidió que le aguadara en casa. Reconociendo este mandado, la mujer empieza a dudar a sí misma, causándole dolor, “físicamente, en el costado izquierdo” (pág. 48).
Regresamos al pasado con el viaje con el taxista. Al fin de su viaje con el taxista, después de hablar de varios temas, el taxista viene a su propia conclusión de que la mujer “se parecía” a las mujeres de Malasaña (las violadas, las embarazadas prematuras, etc.), haciéndolo lógico que quiera comer allí. La mujer se fue, reconociendo el disgusto que el taxista tiene hacia ella y el disgusto que ella misma tiene hacia él, “llamándole carbón entre dientes” y dejándolo “sin propina” (pág. 51).
Al entrar en El Cielo del Paladar, la mujer se encuentra con Pilar y Mariluz, las dueñas del restaurante que recientemente abandonaron el convento para instalarse en Malasaña. No hay mucho que la mujer tiene en común con estas dos mujeres, salvo su rechazo de Adolfo Suárez, el primer ministro después de la dictadura, mostrándonos que aunque la mujer se alegra de que se haya acabado la dictadura, no le gusta los cambios que, en ese momento, tienen lugar.
Después de leer de su encuentro con las dos “exclaustradas,” volvemos al presente con la mujer en el hospital. Aquí la mujer nos revela que estos pensamientos del pasado representan las “ausencias” que experimenta mientras estar en la cama hospitalaria. Con cada “ausencia” (una pérdida de conciencia momentánea que no lleva al desmayo) (pág. 54) que la mujer experimenta en la cama hospitalaria, piensa en cosas diferentes (su violinista, juventud, su padre, etc.). La mujer descubre que no se va a morir, aunque no nos dice por qué fue una opción.
Venimos al pasado. La mujer ahora nos trae otra “ausencia” en que ella piensa en Ángel, un amigo de infancia. La mujer describe cómo Ángel fue su primero (amante sexual) y ella su primera. Después de muchos años separados, Ángel y la mujer se habían encontrado de nuevo en la Escuela de Idiomas. Al acompañarla a su piso, los dos se desvirgan mutuamente.
(Págs. 59-78)
El lector viene a otra ausencia de la mujer, continuando hablar de Ángel. La mujer describe cómo el Instituto (la Escuela de Idiomas) le fascinaba Ángel, con su “doble escalinata, sus verjas y su patio do columnas de granito” (pág. 60). Habla del “Pobre curilla,” y cómo fue cargado con aquel nombre y con la leyenda del llamado Héroe de Alcázar, un personaje sin honor, según el abuelo, que dejó que los rojos asesinaran a un hijo inocente. La mujer sale del Instituto con Ángel, dando crédito a los profesores del Instituto que le enseñaron que hay “otros mundos” (pág. 61) fuera del suyo.
Volviendo al presente con la mujer en el hospital, ella empieza a repensar en el Violinista. Quiere saber si de verdad se la trajo la flor, y con ella, “la vieja carpeta gris con las citas perfectamente atadas” (pág. 63). Ella piensa en los folios de su padre y que “venían con fecha del uno de septiembre del 1960” (pág. 64). Ella menciona el Libro Rojo del cole que compró para el violinista durante la Feria del Libro y se pregunta si él lo había visto al poner la carpeta gris en la mesilla.
La mujer, en su “incómoda situación” (pág. 67), mira por la ventana. Por esta ventana, la mujer se da cuenta de que hay muchas maneras de ver el mundo, y que aunque lo que tiene delante es puro Madrileño, ya ha visto el encanto y la belleza de Toledo. La mujer se acuerda de Rita, su vecina, y su relación con “El Interfecto” (pág. 69). Sola, en medio del salón, la mujer espera la llegada de su Violinista, inventando su mano y a ella se aferra, pero desgraciadamente, se queda triste y sola.
Volviendo al pasado, la mujer se levanta del sofá, se mira en el espejo al derrengada, diciéndole que “si no sabes ser fuerte nunca te querrá nadie” (pág. 78).
Segundo: No te molestes en entrar
(Págs.79-95)
Vemos a la mujer en el presente. La mujer está en el hospital, en su cama incómoda. Empieza a tener una discusión con el Violinista, aunque realmente no está con ella, diciéndole que le gustaría escribir una carta. Le dice cómo de niña le escribía a su padre, mientras estuvo encarcelado, cartas hablando de cualquier cosa: “los chismorreos de la vecina, las manías del abuelo, el Instituto, los amigos, y los profesores” (pág. 81).
En otra ausencia, al llegar a Madrid a los dieciocho años, las tiró en la basura y nunca se las envió a su padre. El violinista Se refiere a una “mujer de aire” (pág. 82). Ella admite también que siente como ha salido de su padre.
En el hospital, la mujer sigue diciéndole al Violinista que después de tanto tiempo, le da miedo que llegue. La mujer describe que en el pasado, su amiga Raquel, y la prima de él, lo había defendido cuando regresó a Toledo, diciendo que “él es un niño prodigio, si, no pongas esa cara: vas a ver” (pág. 84). Durante una ausencia, la mujer ve, por la primera vez, copias de programas de actuaciones de él, y de repente, sentía una “especie de sobresalto” (pág. 85) al ver su nombre escrito.
En el hospital, la mujer habla de la falta de preocupación que el violinista ha tenido hacia su vida personal. Se da cuenta de que en el pasado, llevaban un tiempo en que nada era como siempre, que algo entre ellos languidecía “como una planta enferma” (pág. 88). Le confiesa al violinista que durante esa época, no sabía adónde ir sin él (“¿Dónde ir sin que tu sombra me siguiera?” (pág. 90)), hasta que llegó un autobús municipal que ella entró sin pensar que la llevaría a “un mundo desconocido,” donde encuentra un invernadero.
La mujer vuelve a dar énfasis en que solamente ella está soñando con escribir esta carta para decirle al violinista todo lo que ha estado pensando durante su separación.
Mientras que estuvo en el invernadero, se le apareció un “ángel desconocido.” Cuando regresó a su casa, ella vio un ramo de claveles del ángel, y oyó la voz de Perta diciéndole que “ha venido tu novio buscándote” (pág. 95)
(Págs.95-108)
La mujer empieza a describir otra ausencia, cuando ella y el violinista estuvieron juntos en enero de 1980, el recién Año Nuevo, deseándose en el café de Ahmed con té hervido. Explica cómo el Cuerno de Oro y Estambul fueron “como una finca secretamente nuestra” (pág. 96), un lugar que pertenecía a ellos y nadie más. Desafortunadamente, como describe la mujer, aquella felicidad duró poco, y la fuerza que enlazó sus manos fue desenredada. Se acuerda de aquella noche en que discutieron, “el uno frente al otro” (pág. 97). Dándole la espalda, el Violinista perdió las necesidades urgentes de la mujer.
La mujer habla de sus deseos de mirar alrededor, pero ni siquiera el violinista quería que lo hiciera porque quería que ella exigiera toda su atención para él.
Al hablar de que a ella le encanta tumbar en la arena de la playa que ya no puede hacer, regresa por un momento al presente, “delante de un estante todo desordenado y comprobaba desolada” (pág. 103) que representaba su vida.
(Págs.108-120)
En el presente, la mujer confiesa al Violinista que ésta no es una carta de amor que quería escribir, y que ya no le gustan esas palabras que hasta hace poco le sentía tan orgullosa. Sin embargo, él continúa ser lo más importante en su vida. Habla de la primera vez en que se conocieron, cuando estaba ensayando y vio aparecer a una niña “un poco asustada,” que, al reanudar su ensayo, empezó a bailar. En este momento, la mujer, en su cama incómoda, empieza a llorar.
Todavía teniendo ganas de que llegue su amigo querido, le dice que su recuerdo más amargo es cuando su madre le dijo que ya no habría más bachillerato para ella. La mujer no está segura de que si la flor solitaria haya venido de él, debido al hecho de que siempre la regala “rosas amarillas, uno, o dos, o tres como mucho” (pág. 113).
La mujer le cuenta de su viaje al restaurante El cielo del paladar, y de Pilar y Mariluz preguntándole “¿por qué no te has casado?” (pág.118). la mujer piensa a sí misma, y habla al Violinista sobre la posibilidad de crear una familia. Como a ella le “encantan los niños,” termina la “carta de mente” no en el papel de su “amigo” o “novia,” sino en el papel de su “mujer,” esperando, con sus “hijos, la llegada de su hombre y los niños de su padre. La termina pidiendo al Violinista que lea la carta que no ha escrito y lo medites, diciéndole que “si no quieres ni hablar ni discutir…no te molestes en entrar” (pág.120).
Tercero: Y luego nada
(Págs.121-155)
Esta parta comienza en el pasado, antes de llegar al hospital, con la mujer teniendo la carta de su padre en las manos, y no sabe reaccionar. Se pregunta por qué ha recibido la carta veinte años después de la muerte de su padre. Tratando de huir de abrirla, decide enfrentarse a la realidad y aceptar lo inevitable. El sobre, con su “ojo rojo” (pág. 127), se pone en las manos de la mujer, con un cigarro encendido, y empieza a leer.
El lector viene a una ausencia durante su juventud en Toledo. La mujer le cuenta al lector de una escena en la que su madre dijo que “ha aparecido una gata con alas” (pág. 128). Después de subir al desván con sus hermanos para ver al gato, un acto prohibido por su madre, la mujer descubre que en el desván, hubo “un hombre terrible vestido con el capote viejo de papa” (pág. 131), un hombre que la mujer ya había visto antes. Pronto la mujer descubre, al leer la carta de su padre, que el hombre se llamaba A.M., un “rojo”, que vivió refugiado en el desván de la casa.
La escena regresa al presente en el hospital. La mujer vuelve a hablar al Violinista, diciéndole cómo A.M. y su padre eran viejos amigos. Cuando empezó la guerra, A.M. se afilió al partido comunista. Después de pasar tres años en la cárcel, A.M. fue enrolado en el ejército fascista, de lo que se escapó, con intenciones de salir de España. La mujer nunca sabía, hasta ahora, por qué nunca les dijeron a ella y sus hermanas la razón en que estuvo preso su padre, y piensa en todas las respuestas que tenía que decir cuando hablaba de su padre con otros, dando énfasis en el secreto de su padre.
La mujer cuenta de su primer “encuentro adolescente” (pág. 144) con el Violinista después de su separación de infancia, revelando a Raquel como su prima, y cómo lo esperaba cuatro años. Recuerda cómo rechazó a Santiago, por fidelidad hacia su Violinista. La mujer continúa preguntándose por qué su padre le envió la carta.
(Págs.155-180)
En el presente, Mientras espera en el hospital, la mujer empieza a tener preocupaciones sobre quién quiere más, sus padres o su Violinista, y quién la quiere más. Aquí tenemos una buena idea de por qué se llama Mujer de aire; la mujer no sabe ciertamente quien la ama y a quien ella ama.
Volviendo al paspado, la mujer recuerda su encuentro con el violinista después de cuatro años de separación. Se encontraron de nuevo en la catedral, diciéndose su infancia secreta: “Hola, Dorita” y “Hola, Mago de Oz” (pág. 157).
Vemos a la mujer otra vez en el hospital. Sola y asustada, ella empieza a experimentar muchos pensamientos al mismo tiempo. Se da cuenta de que cuando preguntó dónde están las palomas, realmente, estaba tratando de decir “dónde está mi papá” (pág. 160).
Al volver al pasado, vemos a la mujer leyendo la carta de su padre. La mujer no entiende “Cómo pudo ser que hubiera tanta distancia entre la realidad y los sueños de su padre” (pág. 165). Antes de empezar a leer esta carta, la mujer siempre lo veía a su padre como una persona del lado de la verdad, pero ahora, lo duda.
Por un momento, vuelve al presente cuando entra una enfermera en su dormitorio hospitalario para darle una tele.
Asumiendo que su padre “tenía que haber sido escritor” (pág. 168) por su uso de un tipo de prosa rica en su carta, volvemos al pasado con la mujer leyéndola. Nota que no sólo existe un gran uso de idioma, sino también que hay una gran sorpresa de “inventiva” por su carta. Después de leer más, se da cuenta de que ella tiene treinta y nueve años, la misma edad que tuvo su padre en las cincuenta, y cree que eso es la razón por elegir la fecha actual para enviarle la carta, que ella ya debería “estar dispuesta para el sacrificio” (pág. 172) como él. Después de escribir de juicio de los hermanos Ansúriz López y cómo se habían mantenido firmes a su fe, el padre le escribe a la mujer sobre las características que definen a una persona de honor: “no se trataba de derechos, hija, se trataba del deber” (pág. 180).
(Págs.180-197)
Esta sección comienza en el pasado. La mujer rebusca los relatos de los juicios en los papeles de su padre, pero no tiene éxito. Se acuerda de una vez en Madrid cuando un hombre “con aspecto de viajante de comercio” (pág. 185) vino a su casa con doña Belén. Después de su salida, doña Belén le sirve la comida a la mujer y le dice que uno de la policía secreta había venido a la casa pidiendo informes de ella. Sin saber por qué, la mujer empieza a tener tanto miedo que se abrasa la garganta con una cucharada del caldo.
La mujer continúa en el pasado. Después de mirar por los papeles en el sobre, la mujer descubre la fecha “20 del VIII de 1954” con letras grandes. Recordando el significado de esa fecha, la mujer revela que es el día en que “le mataron” a don Rodrigo. La mujer cuenta de ese día en que “ha guardado toda una vida en lo oscuro” (pág. 192), cuando Raquel y ella fueron a la plaza de la Bellota para hablar con don Benigno.
Las mujeres se reúnen con don Benigno enfrente de la entrada de su finca en el campo. Un “hueco doloroso” (pág. 194) tuvo lugar en este palacio, y don Benigno les cuenta que don Rodrigo era el responsable de este “monumento profanado” (pág. 195), y que después de la guerra, fue castigado como un traidor.
La escena regresa al momento en que la mujer está leyendo la carta. Con las últimas palabras de este escrito, su padre le dice que don Rodrigo no fue matado, sino que se suicidó porque ya no se podía resistir al oprobio, a su vergüenza, y que su hermano seguía en la cárcel. La mujer trata de encontrar el nombre del hermano de don Rodrigo en los papeles, pero no pude antes de que tuviera que llegar al hospital. La mujer viene al hospital, sin terminar de leer la carta.
Cuarto: Te espero
(Págs.198-214)
La novela llega al presente con la mujer en el hospital. La mujer no sabe por qué no vino a su lado ni el Violinista ni ninguna persona de su familia. La mujer, todavía sin saber “qué pasó con papá” (pág. 202), ha decidido averiguar todo sobre el encarcelamiento de su padre y la muerte de don Rodrigo.
La mujer vuelve a hablar al Violinista, que todavía no está a su lado. Recuerda cuando él le dijo que “la vida es para morirse” (pág. 202), entendiendo que la muerte es algo que no se puede evitar. La mujer da el ejemplo que tiene que ver con Joy Adamson, una mujer rodeada por fieras salvajes durante su juventud, que fue matada por un león. Describe que la muerte más horrible y más inesperada puede venir de un amante.
La mujer empieza a hablar de un evento del pasado y lo que pasó con sus uñas. Le dice al Violinista que antes de llegar al hospital, para darle más gusto, decidió ir a una peluquería para comprar uñas de porcelana, porque sus uñas nunca han sido tan bonitas. Ella ofreció cada dedo, el de su “mamá, el de su tía Elvira” (pág. 207), como si estuviera dando toda su personalidad con cada dedo, haciéndose más y más como una mujer de aire. Después, le perecieron tan horribles que al día siguiente, pidió que le libraran de la maldición, dándose cuenta de que, por mucho que es un acto de amor, “hay transformaciones a las que una no debe someterse” (pág. 207).
La mujer, en su cama, está dispuesta a pedir al Violinista mil perdones por no confiarse en él, y para no tener fe en su llegada. Espera que él aparezca a la puerta de su habitación para librarse de su ropa sin dejar de mirarla a los ojos. La mujer revela que ha tenido un bypass, y cree que la presencia de su Violinista la “ayudaría a recobrar la salud” (pág. 210). Pero todavía no sabe nada de su llegada, y no tiene nada más que “el cadáver amarillo de la rosa” que le dice que “quizás no ha llegado el tiempo de perder toda esperanza” (pág. 211).
(Págs. 214-227)
Esta sección empieza con otra ausencia, en la que la mujer empieza a pensar en la vez en que oyó que hubo un accidente de avión en un Estado norteamericano. Teniendo “la certeza” (pág. 215) de que había muerto su Violinista y sin saber qué hacer, se va a la costa, donde empezó a nadar, entrando “en el silencio, perdidos en la lejanía los ruidos vitales del pueblo y de la playa” (pág. 215). Después de que venga la lancha salvavidas para buscarla, la mujer se dio cuenta de que, aunque no sabía ciertamente si su Violinista había muerto, hay cosas peores, pero, al mismo tiempo, sentía que “había valido la pena intentar escaparse” (pág. 216).
Volvemos al presente con la mujer en el hospital, con la noticia de que ahora son permitidos los visitantes. Sigue esperando con impaciencia la llegada de su Violinista. Mientras espera, ahora sin la flor a su lado, piensa en la “misión” que le fue dada por su padre y su obligación a “querer saber” (pág. 220) lo que dirá en los papeles que quedan.
La mujer nos revela otra ausencia de su vuelta por Ferrol. Al ver los dos castillos defensivos de la guerra (La Palma y San Felipe) la mujer recuerda que, durante esta vuelta, empezó a ver los tiempos de la guerra y “sentir miedo de aquel hombre al que los españoles debíamos amar y respetar” (pág. 222), el General, y si en verdad, fueron buenos tiempos o no durante aquella época, prefiriendo quedarse con “la duda.”
(Págs. 227-237)
Vemos a la mujer en el hospital. Ángel viene para visitarla, y con él, se lleva un muñeco de trapo. Aunque está contenta con su visita, todavía espera a su Violinista. Se charlan, y luego se va Ángel, lanzándose “un beso con la punta de los dedos” (pág. 228).
Al mirar al muñeco de trapo, la mujer se acuerda de una historia que se trata de una clienta de Loyola. Para hacerle feliz a su “hombre de su vida,” la clienta decide entrar en una clínica de cirugía estética para recobrar la juventud. Al verla, el hombre, con “un gran susto,” la abandona. Con este pensamiento, la mujer se da cuenta de cómo fácil es que una persona llegue a odiar a alguien una vez amado, y espera que no sea el caso con su violinista.
La mujer ahora tiene ganas de regresar a Toledo con su Violinista. A ella le gustaría “volver a aquel hotel de horribles pretensiones medievales” (pág. 231) con él, el lugar donde ellos pasaron una de sus primeras escapadas. Ella mira por la ventana y ve la lluvia, haciéndole recordar el funeral de don Rodrigo. Ahora, al repensar en don Rodrigo y la carta de su padre, su gran deseo es averiguar “cómo contaron el suicidio de aquel hombre importante” (pág. 235) durante una época en que el suicido no fue discutido.
Hará todo lo posible, “reconstruir la historia, hacer fotos y buscar las huellas,” para averiguar la verdad. Nada más, quiere que venga el Violinista con ella, y continuará esperándolo, porque, como dice ella, “Soy paciente y te espero” (pág. 237).
LOS TROZOS DE LA NOVELA
Primer trozo (Págs.118-120)
1. ¿Puedes creerte que me ganaron la partida? No conseguí convencerlas, porque mis argumentos no me convenían a mí.
2. Que si ésa es una costumbre burguesa, que el matrimonio es una institución nefasta, en fin, que total para qué, terminé preguntando yo, y resultó que ellas sí que tenían respuestas:
3. para ser del todo uno del otro, para afrontar juntos la vida, para hacer menos terrible la soledad, para tener hijos, ¿Por qué no?
4. ¿Por qué no?, te pregunto yo ahora a ti, ¿Por qué no nos hemos parado nunca a pensar, si tanto nos queremos, en formar una familia?
5. ¿Por qué hemos renunciado a discutirlo sin ni siquiera considerarlo, como se semejante proyecto fuera un disparatado viaje a Marte o un atraco al Banco de España?
6. A mí me encantan los niños, tú lo sabes, se me van los ojos detrás de ellos, y las manos, para acariciarlos.
7. Más de una vez te ha impacientado la atención que he prestado a un chiquillo que lloraba o a la que he reclamado de ti para que miraras a alguna criatura especialmente tierna que se ponía a nuestro alcance.
8. No creas que no me daba cuenta, lo que pasa es que tu negativa a mirar y tu mal humor me hacían gracia, todo lo tuyo me hace gracia, eso debe de ser amor, supongo, la ceguera del amor, como suele decirse.
9. Ya sé que con la vida que llevamos no hubiera sido fácil, de acuerdo, pero ¿hubiera sido imposible?
10. Déjame que imagine por un momento cómo me sentiría si fuera tu mujer. No tu amiga ni tu novia: tu mujer.
11. Déjame que juegue a creerme que ahora estoy escribiendo a mi marido y que voy a contarte que los niños están bien y deseando que llegue papá.
12. Que yo también estoy impaciente porque tengo muchos agobios que quisiera resolver contigo.
13. Que no te preocupes, pero que es necesario que hagamos una pausa, que resolvamos juntos algunos asuntos que siempre dejamos para mañana,
14. que tomemos algunas decisiones antes de que sea tarde y el amor empiece a entibiarse hasta que un día, sin saber cómo, nos encontremos frente a frente, bostezando.
15. Déjame que te diga, amor mío, que aquí me tienes, esperándote como siempre y necesitándote más que nunca.
16. Que ha empezado a anochecer y estoy sola y asustada.
17. Que me muero de ganas de que llegues y te sientes a mi lado y me cojas la mano y me digas que de quién iba a ser esa flor sino tuya.
18. Pero antes es necesario que leas esta carta que no te he escrito y que la medites.
19. Y si no quieres hablar, ni discutir, ni que cambiemos juntos…por mucho que me duela, no te molestes en entrar.
Yo elegí este trozo porque representa todos los sentimientos que la mujer tiene para el violinista. Es interesante ver el nivel de dependencia que tiene para él, considerando que todavía no ha llegado a su lado en el hospital. Este trozo me ayuda a entender que sin su violinista, la mujer realmente siente como una “mujer de aire,” es decir, sin él, siente que no está completa.
Segundo trozo (Págs. 210-211)
1.Voy a confesarte algo: no sólo me gustaría porque sí, porque cómo no iba a gustarme el amor contigo, 2. sino que además tengo la certeza de que tu presencia me ayudaría a recobrar la salud. 3. Ojalá que supieras tu lo que sé yo, así podrías convencer a los médicos que, estoy segura, te están impidiendo traspasar esa puerta a tu pesar. 4. Yo sé, por ejemplo, que hacer el amor con frecuencia garantiza la actividad sexual durante la vejez. 5. Ya vez, todo son ventajas. Disfrutas mientras eres joven y al mismo tiempo te vas preparando unos ahorritos de erotismo para cuando no lo seas. 6. Se puede morir de tristeza, ¿lo sabías? Pues vete tomando nota porque está comprobado. 7. Lo que dio por supuesto la literatura de todos los tiempos lo ha demostrado ahora la ciencia. 8. Un médico famoso, inglés, me parece, ha descubierto que la melancolía puede ser mortal, lo mismo que el optimismo ayuda a vivir contra todo pronóstico. 9. Entre nosotros te diré que me parece que mi caso le hubiera encantado al investigador ése para demostrar la primera parte de su teoría: 10. ¡Vean ustedes a esta mujer que sufrió un soponcio por no poder soportar, 11. juntos y al mismo tiempo, el miedo a perder a su amado y el dolor de descubrir las tragedias que la arrebataron a su padre y su profesor más querido! 12. A mí me encantaría – no depende de mí sino de ti – servirle además para hacer evidente la otra cara: 13. que gracias al amor y al apoyo de ese amado del que ella dudó, la enferma recobró la salud.
14. Pero ni vienes ni nadie me da razón de ti. 15. Solo el cadáver amarillo de la rosa me recuerda que quizás no ha llegado el tiempo para perder toda esperanza.
Yo elegí este trozo porque me fascina cómo habla de tres símbolos importantes en la vida de la mujer: el violinista, su padre, y don Rodrigo. La mujer, que en este momento está solo y solitaria, esperando la llegada del violinista, pensando que con su presencia destruirá su enfermedad y la tristeza que tiene de su padre y don Rodrigo.
EL TEMA
Esperar es pensar.
COMENTARIO PERSONAL
Esta novela, que es un buen ejemplo de la literatura femenina de los años noventa, realmente ayuda al lector a pensar “fuera de la caja.” Muchas veces, me encontraba releyendo las palabras para que yo pueda entender bien lo que la mujer está diciendo y a quien lo dice. Me gustaría ver si la rosa fue enviada por el violinista y también lo que habría hecho la mujer después de salir del hospital, si lo saliera. La autora nos hace entender la importancia de tiempo; las experiencias que la mujer tuvo como niña durante la posguerra han continuado teniendo, hasta que su entrada en el hospital, impactos graves en su vida y cómo, de mujer, ve al mundo. Yo recomiendo esta novela a cualquier persona que quiera estudiar la psicología femenina, o la literatura femenina en general.